Antonio Soler, fundó y dirigió un grupo de empresas dedicadas, en Cataluña, a hilatura, tintes, aprestos y acabados, tejeduría y confección. Su facturación pasaba los 5.000 millones de pesetas anuales y pretendía darle continuidad para dejar a sus 9 hijos un patrimonio con buena rentabilidad y evitar el descalabro que sufrirían las 450 personas que trabajaban en dicho grupo empresarial. En 1976 comenzó a reflexionar sobre todo ello hasta que en junio de 1977 se firmó un documento en cuya redacción participaron los ejecutivos y los hijos mayores de edad. Antonio nombró un Director General, marchó al Brasil donde fundó otra empresa textil que en la actualidad funciona muy bien y 3 años después volvió a tomar la dirección general, tras comprobar el cansancio y dificultades que sufrió el director general nombrado, que había dirigido una de las empresas hasta 1977. Enderezó y encauzó las empresas y a los 2 años volvió a nombrar otro director general ajeno al grupo contratado a través de un amigo. Antonio falleció en 1987 y las empresas se rigen según el plan establecido y dan 10 años de experiencia en vida de su fundador.